Muere Chano Lobato, alma de los cantes de Cádiz
8 de Abril de 2009
JOAQUIN GARRIDO
Juan Ramírez Sarabia, Chano Lobato, considerado el mejor intérprete vivo de los cantes de Cádiz, murió el pasado Domingo en su domicilio de Sevilla. Mi admirado amigo Juan, de 82 años, se encontraba muy delicado de salud desde hacia mucho tiempo. En varias ocasiones nuestros encuentros no fueron en los escenarios;sin0 en mi antiguo trabajo de la Residencia Sanitaria Virgen del Rocio y según me cuentan los últimos meses permanecía en la cama debido a una diabetes galopante que terminó con su vida . La capilla ardiente fué instalada en el tanatorio de la SE-30 de Sevilla, Fueron muchas las ocasiones donde tuvimos ocasión de compartir su talento dentro y fuera de los escenarios , quedan grabados en mi recuerdo sus actuaciones en festivales flamencos como el Potaje Gitano de Utrera, la Caracolá de Lebrija y el no menos importante encuentro con el Cante Jondo en un inolvidable mano a mano con el cantaor José Meneses en el festival de la Puebla de Cazalla donde me acompañaba haciendo labores de tecnico en la radio “La Voz de La Campiña” mi hijo Joaquin que por entonces contaba dieciocho años de edad, y que saco a colación porque posiblemente llevado por la sedución de este gran artista siga en la senda del cante de Cadiz a través de su trabajo en la comparsa utrerana y del grupo flamenco “Cuentale al Aire” en su faceta de guitarrista.
Nacido en el gaditano barrio de Santa María, cuna de artistas, este cantaor rubio y payo se quedó huérfano siendo casi un niño, lo que le obligó a ganarse la vida por las tabernas desde temprano. Heredero de la picardía gaditana de Ezpeleta y Pericón de Cádiz, de Chano Lobato destacaba su arte como contador de historias, "las cosas de Cádiz", que eran anécdotas, recuerdos, e invenciones, sobre cuestiones como la invención de la siesta por parte de los tartessios, las hambres de la posguerra o las aventuras que vivió como cantaor de una gran compañía de baile que rodó por el mundo durante más de dos décadas.
Era un cantaor largo. Se le recuerda por su maestría cantando por cantes de Cádiz: alegrías, cantiñas o tanguillos, pero era capaz de interpretar como pocos malagueñas, soleares y seguiriyas o cantes más festeros, como bulerías o tangos. Siempre con el gusto de Cádiz, y siempre como un auténtico maestro del compás. Realizó su carrera profesional, ya como cantaor en solitario, en Cádiz, Sevilla, donde cantó en el Patio Andaluz, y en Madrid, donde actuó en El Duende y Arco de Cuchilleros. En 1974 obtiene el premio Enrique El Mellizo en el Concurso Nacional de Córdoba, lo que le supone el reconocimiento de todo el estamento flamenco. También participó con gran éxito en la Cumbre Flamenca de Madrid. La tertulia flamenca El Gallo, de Morón de La Frontera, le tributó un homenaje en 1986, imponiéndole su insignia de oro. Este mismo año consigue el Premio Compás del Cante. En 1996 recibió la Medalla de Andalucía.
Pero antes estuvo 25 años en la compañía de Antonio el Bailarín y posteriormente con Matilde Coral, como cantaor de atrás, que es como se dice en el flamenco a los cantaores que acompañan al baile. Tímido y humilde, se resistió a lanzar una carrera en solitario como cantaor de adelante, aunque finalmente se decidió a hacerlo. Publicó dos discos como cantaor, La nuez moscá (1996) y Azúcar cande (2000).
Joaquin.garrido@infoutrera.com






















